A menudo somos nuestros jueces más severos. Es curioso cómo somos capaces de tratar a los demás con comprensión y cariño, pero cuando nos miramos al espejo o evaluamos nuestros propios actos, aparece una voz interior crítica, exigente y a veces hiriente.
En nuestro gabinete, entendemos la autoestima no como una frase motivacional de «tú puedes con todo», sino como la base fundamental de tu bienestar: la relación que mantienes contigo mismo/a cada día.
No es un defecto de fábrica Sentirse pequeño, inseguro o insuficiente no significa que valgas menos que los demás. Es probable que, a lo largo de tu historia vital y tus experiencias, hayas aprendido a mirarte de esa manera. La buena noticia es que la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos se puede reaprender.
No importa cómo se manifieste La falta de autoestima tiene mil disfraces y no necesitas encajar en un perfil concreto para pedir ayuda. Atendemos a la persona, no a la etiqueta. Quizás te sientes identificado/a con alguna de estas sensaciones:
Sientes que nunca es suficiente, hagas lo que hagas (perfeccionismo exigente).
Te cuesta poner límites o decir «no» por miedo a defraudar o al rechazo.
Te comparas constantemente y siempre sales perdiendo.
Sientes algo parecido al «síndrome del impostor» (miedo a que descubran que no eres tan válido como pareces).
O simplemente, te has descuidado a ti mismo/a para cuidar de los demás.
¿Cómo te ayudamos? Nuestro objetivo no es convertirte en alguien que no eres, sino ayudarte a estar a gusto en tu propia piel. Trabajaremos juntos para:
Entender tu historia: Comprender de dónde viene esa voz crítica y por qué aprendiste a tratarte así.
Cambiar el diálogo: Sustituir la autocrítica destructiva por una mirada más justa, amable y compasiva hacia ti.
Fortalecerte: Aprender a priorizarte, a reconocer tus necesidades y a validarlas sin culpa.